jueves, 12 de noviembre de 2015

Una botella y aquel golazo de la Euro 96

Recuerdo hace mucho tiempo volver a ver la final de la FA de 1991 entre Tottenham y Nottingham Forrest, esos primeros minutos cuando una acción es punto de inflexión, la tumba en vida de Paul Gascoigne.


Parker se llevaba un patadón terrible en el pecho y Gazza huía, acababa de empezar el partido, minutos más tarde se rompía los ligamentos por su propia torpeza en otro tackle criminal sobre Gary Charles, que además acabaría en gol de Stuart Pierce al ejecutar la falta. Qué curioso, el cambio por lesión sería Nayim, un héroe más adelante en Zaragoza, y todo ante la atenta mirada del caballero Gary Lineker.


No te rompiste sólo la rodilla, rompiste todo lo que tenías, rompiste el fútbol, era Wembley Gazza, te viniste abajo cuando más arriba estabas, y lo único que encontraste después fue una botella y aquel golazo en la Euro 96. Me acuerdo mucho de ti.


Con el tiempo ya no importará, perdemos la percepción de la gravedad, se pierde en el limbo cuando buscamos explicaciones difusas y vagas a una consecuencia que viene de atrás. Se esfuma el daño que se hizo, se queda en un mal recuerdo, puede que sea lo que te queda Gazza, con alguna sonrisa amarga del pasado.

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